Vivimos en una época en la que podemos compartir nuestra vida con un simple movimiento del dedo. Una foto, un vídeo, un pensamiento rápido… y ahí estamos, mostrando al mundo un fragmento de nosotras. Pero ¿qué hay detrás de este gesto tan cotidiano? ¿Por qué nos sentimos tan atraídas por las redes? ¿Qué buscamos realmente?
Como Coach—y como mujer— hay tres preguntas clave que siempre invito a reflexionar:
1. ¿Publico para expresarme o para recibir aprobación?
Las redes sociales nos dan un refuerzo inmediato: un «me gusta», un comentario, un “qué guapa”, un “qué bien vives”. Nuestro cerebro interpreta esos estímulos como pequeñas recompensas. El problema es cuando empezamos a depender de esas recompensas para validar cómo nos sentimos.
Muchas mujeres me dicen:
«Paqui, si no lo subo, siento que no ha pasado.»
Y ahí ya tenemos una señal importante.
Cuando una experiencia empieza a tener más valor por cómo se ve en la pantalla que por cómo la vivimos… algo se está perdiendo.
2. ¿Estoy compartiendo o estoy demostrando?
A veces grabamos un café con amigas, un paseo, un amanecer, un plato bonito… no porque lo estemos disfrutando, sino porque sentimos la necesidad de demostrar algo:
– Que estamos bien.
– Que somos productivas.
– Que no estamos solas.
– Que nuestra vida es interesante.
Pero la vida no es un escaparate.
La vida es lo que pasa entre publicación y publicación.
Es lo que sentimos cuando nadie nos está mirando.
3. ¿Me suma o me resta?
Las redes sociales en sí no son el enemigo. Son una herramienta. El problema es cómo las usamos.
Nos benefician cuando:
- Inspiramos o nos inspiramos.
- Aprendemos.
- Conectamos de forma real con otras mujeres.
- Compartimos contenido que aporta valor.
Nos perjudican cuando:
- Nos comparan sin darnos cuenta.
- Nos generan ansiedad por “no llegar”.
- Nos hacen sentir que nuestra vida es menos que la de los demás.
- Nos desconectan del presente.
Y, sobre todo, nos perjudican cuando grabamos más de lo que vivimos.
La pregunta clave: ¿qué te estás perdiendo por estar tan pendiente de grabarlo todo?
Cuántas veces vamos caminando y, en vez de sentir el aire, de observar el paisaje o de permitirnos un pensamiento profundo… sacamos el móvil para capturarlo.
El problema no es grabar.
El problema es vivir a través de la pantalla.
La vida real ocurre sin filtros.
El amor real ocurre sin filtros.
La presencia ocurre sin filtros.
¿Entonces… deberíamos dejar las redes?
No. De hecho, para muchas mujeres —especialmente a partir de los 40— son una ventana para expresarse, aprender, emprender y encontrar comunidad.
Se trata de usar las redes sin que ellas te usen a ti.
Aquí van algunas preguntas que pueden ayudarte a equilibrar:
- ¿Publico porque me nace o porque me siento obligada?
- ¿Estoy perdiéndome este momento por grabarlo?
- ¿Cuánto tiempo paso mirando vidas ajenas y comparándome?
- ¿Qué podría hacer hoy sin el móvil que me haría sentir más viva?
Una invitación final
Te invito a que esta semana pruebes esto:
Vive un momento bonito sin grabarlo.
Solo para ti.
Para tu memoria.
Para tu paz.
Para tu corazón.
Y luego, si te apetece, compartes. Pero ya desde un lugar distinto.
Porque al final, las redes pueden ser una herramienta maravillosa…
pero tu vida, tu presente y tu bienestar emocional siempre deben ir primero.
Con cariño,
Paqui Pérez – Alma Valiente