Hay mujeres que siempre sonríen.
Que son fuertes, estables, resolutivas.
Mujeres a las que casi nunca se les pregunta cómo están de verdad, porque damos por hecho que pueden con todo.
Y muchas veces no es así.
Hay muchas mujeres sobreviviendo en silencio.
Haciendo malabares para llegar a fin de mes.
Sosteniendo cargas emocionales, familiares o físicas que no se ven desde fuera.
Y además, sintiendo vergüenza por ello.
Vergüenza por no estar donde creían que estarían.
Vergüenza por necesitar ayuda.
Vergüenza por sentirse cansadas cuando “deberían” estar agradecidas.
También veo algo que se repite mucho:
mujeres que creen que, si sonríen, no tienen derecho a estar rotas por dentro.
Como si mostrar alegría les quitara permiso para decir “no puedo más”.
Y otra idea muy peligrosa:
pensar que el cambio es para otras.
Que a ellas no les va a llegar.
Que su vida ya es así y no hay mucho más que hacer.
Pero la experiencia me ha enseñado que eso no es verdad.
Se puede tocar fondo y no quedarse allí.
Se puede avanzar incluso cuando durante años nada parece cuajar.
Se puede seguir sin tener claro el camino, solo con la decisión de no rendirse.
No todos los cambios son espectaculares.
La mayoría llegan despacio.
Primero como un poco más de calma.
Después como pequeñas decisiones propias.
Como recuperar parcelas de independencia, de seguridad, de confianza.
Elegir la vida no siempre es algo grande.
Muchas veces es simplemente levantarse otro día.
Buscar algo bonito, aunque sea pequeño.
Seguir, incluso cansada.
Y hay algo que me parece importante decir:
muchas mujeres que sonríen lo hacen porque han aprendido a sobrevivir.
Porque han pasado momentos muy duros y, aun así, han decidido no endurecerse.
Si estás leyendo esto y ahora mismo estás en una etapa difícil, quiero decirte algo claro:
no estás rota.
No es que hayas fallado.
Y no eres menos valiosa por estar cansada o por necesitar tiempo.
Aunque ahora no lo veas, las cosas pueden cambiar.
A veces cuesta más de lo que imaginamos.
Pero seguir, incluso despacio, también es valentía.
Quizá estés cansada de sostener, de esperar, de confiar.
Pero mientras sigas aquí, mientras sigas buscando cómo seguir adelante,
hay algo dentro de ti que no se ha rendido.
Y eso, aunque ahora no lo veas, es una fuerza enorme.
Porque seguir, incluso en silencio,
también es una forma muy valiente de vivir.
No te dejes para después.
Con cariño,
Paqui Pérez – Alma Valiente