Querida mujer maravillosa,
Hoy quiero hablarte a ti.
A ti que haces todo lo que puedes.
A ti que te esfuerzas.
A ti que intentas que todo funcione, que nadie sufra, que todo esté en orden.
Y aun así… alguien se queja.
Alguien opina diferente.
Alguien señala lo que, según su mirada, no está bien.
Y tú por dentro sientes frustración.
Porque piensas:
“Estoy dando todo lo que tengo… ¿qué más quieren?”
Si esto te ha pasado, quiero que sepas algo primero:
tu intención seguramente es buena.
Tu esfuerzo es real.
Tu entrega es sincera.
Pero he comprendido algo que me ha cambiado mucho por dentro.
Dos personas pueden estar viviendo la misma situación…
y no sentirla igual.
Porque no vemos desde los hechos.
Vemos desde nuestra historia.
Desde nuestras heridas.
Desde lo que aprendimos para protegernos.
Tal vez tú estás actuando desde la responsabilidad.
Y el otro está mirando desde una necesidad que no fue expresada.
Tal vez tú estás intentando ayudar.
Y el otro está sintiendo que no fue tenido en cuenta.
No siempre se trata de que alguien esté equivocado.
A veces simplemente estamos viendo realidades distintas.
Y también he aprendido algo más:
Cuando intento hacerlo todo sola, aunque sea con amor, termino agotada… y muchas veces incomprendida.
Preguntar.
Escuchar.
Compartir decisiones.
No me hace menos capaz.
Me hace más consciente.
Porque cuando todos participan, la responsabilidad pesa menos… y la frustración también.
Quizá no se trata de hacer más.
Quizá se trata de hacerlo acompañada.
Y de recordar que tu verdad es válida… pero no es la única.
Y eso no es una amenaza.
Es una oportunidad para construir algo más en paz.
No siempre se trata de hacer más… sino de hacerlo acompañada.
Te abrazo con cariño
Gracias por estar aquí y por leerme.
Con cariño,
Paqui Pérez–Alma Valiente