A las madres que también están cansadas
El Día de la Madre suele llenarse de palabras bonitas.
De agradecimiento.
De amor.
De recuerdos felices.
Y sí… todo eso es verdad.
Pero hay otra parte que casi no se dice.
La de las madres que también están cansadas.
Las que han sostenido mucho… durante muchos años.
Las que han seguido adelante incluso cuando no podían más.
Las que han sonreído para que todo pareciera estar bien.
Ser madre no es solo dar.
Es sostener.
Es callar muchas veces lo que duele.
Es estar para todos… incluso cuando no estás para ti.
Hay madres que han pasado por momentos muy difíciles
y aun así han seguido.
Madres que han sentido soledad… incluso estando acompañadas.
Madres que han tenido que ser fuertes… porque no había otra opción.
Y también hay algo de lo que se habla poco:
De las madres que, en ese camino, se dejaron para después.
Que se olvidaron de sí mismas.
De su cuerpo.
De sus emociones.
De lo que necesitaban.
No por falta de amor…
sino por exceso de entrega.
Y llega un momento en el que el cuerpo habla.
El cansancio pesa.
Y la vida te pide que te mires.
Aunque no sepas por dónde empezar.
Este mensaje es para esas madres.
Para las que lo han dado todo.
Para las que siguen sosteniendo como pueden.
Para las que hoy, quizás, no se sienten tan bien como deberían en un día así.
No eres menos madre por estar cansada.
No eres menos madre por necesitar parar.
No eres menos madre por sentir que a veces no puedes con todo.
Eres humana.
Y también mereces cuidado.
También mereces descanso.
También mereces ser escuchada.
También mereces… no dejarte para después.
Hoy, más allá de flores o palabras bonitas,
quizá el mejor regalo que puedes darte es uno pequeño:
Parar un momento.
Respirar.
Y preguntarte…
¿Cómo estoy yo de verdad?
También me pasó… ser madre y dejarme para después.
Y sigo aprendiendo que cuidarme
también es una forma de cuidar.
Feliz día… a todas las madres que, además de dar,
están aprendiendo a elegirse.